No parece que con 16 años se pueda ser muy responsable. Es esa una época difícil, en la que ni se es adulto del todo, ni se ha dejado todavía de ser niño del todo, pero la naturaleza ha dotado al ser humano de la capacidad para reproducirse incluso mucho antes de los 16, o sea, trata de asegurarse, también cuanto antes, de que la especie continúe produciendo individuos de la misma condición, olvidándose de convencionalismos como el matrimonio o la familia, que son elementos que tienen que ver más con la organización de la sociedad, que con el sexo, éste, el sexo, es el reclamo que tiene la naturaleza para llevar a cabo la continuación del genoma humano, y por eso, lo ha dotado de placer, porque si picara, todos saldríamos corriendo. Pero lo que pica, a veces, son las consecuencias del placer. ¿Vosotros creéis de verdad que con 15 o 16 años se puede ser responsable? Yo me miro a mí cuando tenía esos años, y no me veo muy responsable, sino muy loco, como cualquier adolescente con esa edad. Otra cosa es que haya que fomentar más la educación sexual. Pero la ley del aborto no sólo contempla los embarazos no deseados, sino también, los que son producto de violaciones, los que tienen grave peligro para la vida de la madre y los embarazos que se dan con grandes malformaciones para el feto. La ley, prácticamente, se queda igual que estaba en el plano de los supuestos y se adapta a la época en que vivimos para que médicos y madres no sufran persecución, unos por cumplir con su deber, y otras por hacer lo que según su conciencia creen que tienen que hacer. Ellas son las que toman la última decisión, decisión siempre dolorosa de abortar o no abortar. Yo, al menos, no me considero apto para valorar, ni siquiera éticamente, la decisión que toma otro ser humano en ese trance tan doloroso.
La Iglesia, gran productora de sobrinos y sobrinas que resultaban ser hijos suyos de sangre, ha empezado una campaña contra el aborto. Es una campaña, desde mi punto de vista, un poco miope y un poco ridícula, pues plantea un conflicto entre el ser humano no nato, y el lince, una raza protegida por ley dado su peligro de extinción. Su panfleto publicitario, a mí personalmente me gusta, porque está elaborado usando métodos de la retórica clásica. Pero bueno, la publicidad en general usa constantemente imágenes que le son propias a la literatura y a la nombrada retórica clásica. El último fin de la Retórica, y por ende de la publicidad, ya sabemos cuál es: no es otro que el de persuadir y convencer.
Ahora el Papa creo que anda por tierras africanas, donde todos sabemos el problema gravísimo que representa el Sida. Dicen que Benedicto XVI ha dicho que el preservativo no impide la propagación del sida, sino que su uso ayuda a propagarlo, y yo me pregunto, ¿puede haber mayor cinismo que éste que se desprende de las palabras del Papa? El Papa debería saber que ya no estamos en la Edad Media, y que si Dios no quisiera el condón, el hombre no lo hubiera inventado, por lo tanto el condón es una obra maravillosa de Dios para evitarle enfermedades y embarazos no deseados a su criatura predilecta, es decir, al hombre evolucionado del siglo XXI.
Esto es todo, amigos.
Alfonso