Hay muchos que olvidan en qué país viven, desde luego no tan moderno y rico como ya sabíamos algunos que no era España, antes de la crisis, antes de Aznar, y aun cuando este señor, bajito en todo, posteriormente predicaba, sin sonrojarse, que éramos "potencia mundial de primer orden". Ese ideario de delirios de grandeza es lo que lo hizo tan pequeño. Quizá no puedan darse cuenta de ello esos muchos, porque son herederos, involuntarios, pero herederos al fin y al cabo, de un pensamiento letal, y en el fondo caciquil, del siglo XIX. Lo lamentable es que muchos de “esos muchos” hayan olvidado que sus padres, abuelos o bisabuelos provengan de clases humildes, y que para conseguir derechos y libertades que hoy día gozan ellos y les parecen naturales, murieron en las calles, luchando contra la oligarquía dominante, hombres que no tenían donde caerse muertos, es cierto, pero que sí tenían cualidades que les faltan a estos pedantes, como son, dignidad y certeza de quiénes eran.
Ese hispánico mundo retrógrado, un poco percherón y siempre inclinado a tirar por treinta monedas por el camino simplón del medio, está en vías de extinción, aunque sin embargo, no acaba de extinguirse del todo.
La inferencia, la implicatura, y sobre todo la intención comunicativa, son conceptos de la lingüística moderna, pero en el sistema educativo actual sigue instalado, casi en exclusiva, el estructuralismo del gran Ferdinand de Saussure, Jacobson, o incluso el de Hjelmslev o Coseriu, que aunque es muy válido, debería dejar un puesto más relevante a la pragmática y a la lingüística del texto. Pero del sistema educativo, mejor no hablar, porque es lo que de verdad está fallando en este país de ladrilleros, sabiondos e ignorantes, y ahí la culpa la tienen todos los partidos políticos, que no abordan el tema en serio y lo solucionan de una vez. Hoy día cualquiera puede hacer crítica literaria, sin tener base académica para hacerla de forma adecuada, o echar presidentes del gobierno, sólo porque internet lo ha hecho articulista muy “fino y certero” y poder escribir en cualquier foro virtual. Lo que dice el viejo y célebre tango sigue teniendo una vigencia real.
Bien, parece, que en “esos muchos”, se infiere unas ganas desproporcionadas de que tome el poder la “derechona”, incluso se atreven, como si fueran pronunciadores de bandos golpistas del SXIX, a decirle de tú a tú en el foro virtual correspondiente, al presidente del gobierno, lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que irse para que entren a gobernar los suyos y de paso haya más procesiones, más cohetes y más pamplinas de iglesia. No perciben claramente, porque los traiciona su subconsciente amaestrado, que según la Carta Magna, las elecciones las convoca quien las tiene que convocar. Están impacientes, pero cuando las vacas gordas lo único que hacían era engordar, ya que siempre se caracterizan por las “soluciones percheronas”, pues la estética les resbala, dada su ignorancia. Son los mismos que le pegaron un tiro a García Lorca en un barranco por ser “marica”, o en el otro bando, los incontrolados que quemaron iglesias por las buenas, haciéndole un daño irreparable al orden constitucional y democrático de la II República.
A mí sí me importa que entre en el poder la “derechona”, porque son descendientes de los que tuvieron la sartén por el mango y detuvieron el progreso de este país durante siglos. Derechona que siempre va a quitar, mermar o no dar protección social a los más débiles. Lo que más pena me da, es que el trabajo sucio ya se lo está haciendo, como ocurrió con Felipe González, el que quieren “esos muchos” que se vaya, es decir, quieren que se vaya Zapatero “esos muchos pobrecillos pensamientos adiestrados del SXIX, actantes del SXXI”.
Esté Zapatero o Perico los Palotes en el poder, y ahora que están sueltos los perros de ira, y puesto que esta crisis la tenemos que pagar los más débiles mientras quienes la han provocado siguen como niños mimados, no puedo más que darles la razón, ya que por lo menos lo dicen con una estética insuperable, a quienes ya sabía que la tenían, es decir, a Quevedo y a Juan Ruiz, los dos anteriores al SXIX, pero Juan Ruiz, más anterior todavía.
Alfonso