LA LETRA Y SU EXPRESIÓN
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
MÁGICA INFANCIA

       “La Infancia” es esa única patria de “El Hombre” en la que si no se ha sido feliz, es muy fácil que no se sea nunca. De todas las formas, y sea como sea el devenir de nuestra vida, si la felicidad existe, nunca será tan completa como en esa época.
      Yo recuerdo haber visto el arroyo del Caño engalanado por rayos de sol filtrados a través de las ramas de los negrillos. Recuerdo haber visto relucir las aguas cristalinas de la presa que hacíamos rodeados del canto del mirlo y otros trinos, y siento aquello, hoy día, como si hubiera estado en el paraíso. Mi proceso nemónico recupera “Los Resbalines” y juegos como El Tirable, La Cochinita, ¿Pico, Zorro o Zaina?, entre otros muchos, igual que si hubiera viajado, arropado por la mano de Virgilio, por el mismísimo cielo, y a veces por el mismísimo infierno con juegos como La Bigardia.
      Mi infancia no recuerda juguetes de “Los Reyes Magos”, pero mi creencia en ellos era tal, que en su noche mágica, una vez, con ocho o nueve años, me levanté de la cama de madrugada para verlos aparecer en la cocina por la chimenea.
      Mis juguetes me los hacía yo, porque siempre se olvidaban de mí Melchor y compañía. Recuerdo un coche que me hice: chasis de madera tenía, y ruedas de suelas de alpargata que yo reciclé como un tesoro invalorable del que además de las ruedas para el coche, conseguí una “lancha” para jugar al Terrero. Las suelas se las había visto tirar a un tal Martín Porra, a quien por cierto le gustaban mucho las aceitunas negras, las cuales comía a la puerta de Manolo el Comerciante de un cucurucho de papel de estraza, sentado en la acera. Se las vi comer muchas veces en frente de mi casa, donde yo jugaba con mi flamante coche.
      Veo a los infantes de hoy con la felicidad por bandera como niños que son, felicidad que ahora en mí es ayer y que nada ni nadie le debería robar a un niño, pero eso sí, observo en los niños actuales menos imaginación que en los de mi tiempo, a pesar de que también recuerde cómo la mayoría de los de mi época eran niños “semiyunteros”, y que algunos fueran yunteros del todo.  Sea como sea, la niñez es esa estancia del hombre en la que la sonrisa no está contaminada.

Alfonso Toribio

PD: Texto publicado en la web del Maderal (www.elmaderal.com) para presentar el apartado “La Infancia”, en la sección de fotos de Pedro Matías.