Poemarios-Eslabones
LA LETRA Y SU EXPRESIÓN
POEMARIOS
EL TRONO Y EL DESIERTO

VEN 
Ven, Ana, coge mi mano,
y subamos al teso alto.
Ven y caminemos por el sendero,
entre la arboleda,
envueltos por la brisa del arroyuelo.

Escúchame, mi pequeña reina,
y escuchemos el susurro del agua.

Veamos desde la altura lo necio,
y su tribulación ignorante,
sólo como una rama desgajada
en este país sangriento.
Ven, Ana mía, ven junto a mí,
y dime que aún hay esperanza,
dime que un sueño articula la vida.

Entra en mí, y dime que hay luz
en la enredadera de la mañana.

 

SALAMANCA
De tus piedras,
dolorosas perlas
o enlutadas lágrimas
al fondo del olvido
caen,
húmedas férreas,
como epítetos tétricos
que recordaran
que por allí pasaste ¡lúcida de vida!

Ciudad, hoy amarga,
que tuvieras el gesto,
la palabra y la risa,
y la esperanza
en la comisura de los labios…

Vieja ciudad de la piedra de Anaya,
que hoy cantas en mi corazón de tumba
toda la desdicha en cascada.

Ciudad que fuiste mía,
porque ella
ya no te arropa,
quisiera clavarte
en tu frente una daga,
allí donde el olvido no repita
este existir para la nada.

 

MUEBLE INACABADO
¿Qué voy a hacer yo 
cuando sus espacios vacíos
rezuman madera muerta?

Era la risa sobrada,
y la forma y el paisaje,
y el corazón en calma.

En los cajones guardarías
las facturas y la ropa limpia;
en los módulos con puertas
estarían los platos de las celebraciones;
en las repisas, los libros,
y la música, y la imagen…

¿Qué voy a hacer yo,
cuando las heladas de mayo
quemaron los pinos y el encinar,
y las cigüeñas, ateridas, escaparon?

Cuando miro el mueble inacabado,
ya no deseo comenzar nada y digo
adiós al viento, y a la lluvia,
que te mojaba porque querías.

En el mueble inacabado, vive el horror,
y el insomnio galopa por sus vetas…
Es una cama sin durmiente
donde los sueños se durmieron despiertos.

Hermosa madera es,
fue árbol poblado de nidos
ahora aborrecidos,
que con pajarillos muertos,
no reclama ni siquiera su existencia.
Sólo tu hijo intenta,
ignorante de su suerte,
darle un soplo de vida:
¡Tan inocente
abre,
y cierra cajones hasta donde llega!

Pero únicamente tendrá el mueble soledades,
y tu pequeño Dani,
el vacío grande de su madre.

 

EL UNO DE NOVIEMBRE
Nido negro y sin ventanas,
solitario nido de polvo
donde ahora te me escapas.

Y habrá flores para ti
¡Mi pequeña!
el uno de noviembre,
porque con lágrimas, el recuerdo,
la vieja llama enciende.

Habrá flores para ti
el uno de noviembre.
Yo mismo las he cuidado
y regado en el verano.
¡Flores para ti,
mi pequeña!
¡Para ti,
que volabas pisando las calles!

Nido negro y sin ventanas,
solitario nido de polvo
donde ahora te me escapas.

Yo preferiría mejor gritar
en los desfiladeros tenebrosos,
en los anillos de los pozos sin eco
donde la dulzura se parte,
en las cavidades convexas
donde el amor resbala.

Mi pequeña,
yo preferiría
el imposible
de la flor
de tu voz
sobre La Tierra.

 

ECO
Paisajes de vino verde, y de escobajos
sobre salientes pedruscos alagartados.
Y en la horquilla del pino, una espina.

Si hubiera lechuzas y murciélagos del día,
el día tendría un yelmo y un hojaldre,
una rosa con alas en la mirada
o una cigüeña en la penumbra diurna.

Ahí hay un tapiz de culebras.
En la vendimia, ahí,
antes, la comida, la risa, la alegría…
en los dedos el mosto,
el futuro en los ojos,
y la canción y el verso al viento.

Ahí hay cubetos agostados,
vino rancio de la soledad y,
palabras rebotando en su limbo,
como encadenadas a la vida que tuvieron,
como asemejadas a su propia cárcel.

Aquí un estuche y un niño, allí una viga
y una cabecita. Después, El Libro por Anaya
¡ y su hermosa piedra labrada!

Enhorabuena al aquelarre,
ventorro por las ramas triunfante,
que,
se paró de golpe,
y disparó,
y mató,
y envenenó manantiales.

Y no pude, y no pudiste.
Después de tantas batallas juntos,
no pudiste, y no pude. No pudimos ganar
la última, la decisiva, la verdadera.

Si allí hay un tapiz de culebras,
aquí, en la amada bodega, vino rancio,
y palabras que se parecen a sí mismas,
eternas y huecas.

Alfonso

Página siguiente