NEGRO Y LUNA
La luna de enero, capricornia
de las heladas,
donde los mapas
se pierden incompletos.
Luz sangrienta en los cerezos desnudos,
bombazo para los ojos y los besos.
Escarcha y cañaliegas secas
por prados y eras.
Me esconderé en la guarida del lobo,
aterido, miedoso,
como quien sólo ve pupilas sangrientas
u hombres y mujeres sin presencia.
Ya sólo tengo tu recuerdo,
y a la vivaz luna muerta,
caminante estática de los hospitales.
Tu rostro verdadero me persigue
y se disfraza de féretro y sepultura,
donde viajo en vida… y ahí quisiera estar,
golpeando la puerta de tu regreso
o durmiendo contigo para siempre.
YO GRITO
Recito voces tuyas, Aitiana,
y recorro lugares bajo el barro
para sentir tus venas limpias,
aunque en la noche continua acabé
por las hoces del imposible
que crepitó como alud ciego.
Si ahora quiero un leve vientecillo,
no es por su ilusión de verde primavera,
es más bien por el cruel terciopelo
de las aisladas latitudes,
y aunque no quiera nada,
sin embargo, me sitúo en la daga
roja, sin corazón ni fuente
en donde asirme en el tiempo.
Brutal como la sinrazón,
destartalado como lo viejo,
voy hacia la noche turbia
por el dolor y la desdicha,
aunque te amaré en las voces,
en las constelaciones,
en todo cuanto muerda
y le quite al olvido.
EL OCULTO ASESINO
Creciste agitando torbellinos
de flores,
y entregando tu voz a la libertad
y a los sueños.
Sentiste, que no la miseria
en el bolsillo del vagabundo estaba,
sino allí, en lo más recóndito
del corazón del hombre,
oscura, aterida, pavorosa…
Y pavorosos los espejos y las olas,
los badajos y las canciones.
Supurantes caminos
sin un halo de ternura,
destronadas palabras
cuando la Navidad se acerca
y a tu hijo ya no esperas
en la dulzura.
El dardo se te clavó en la sien,
Invisible, y ciego como el desamor
en los amantes verdaderos.
Dardo asesino en la sombra expectante
de los inútiles hospitales,
donde los siglos, y sus galenos,
no son más que barquillos veleros
en medio de una tormenta de lodo y cieno.
Dardo asesino constante,
no apto para ignorantes,
que te derribó del caballo
y te pisó como un insecto.
…Y terribles los espejos vacíos
donde voló la imagen oculta de la muerte.
…Y pavorosos mis ojos y manos.
LEJOS YA
Y TAN CERCA
Yo, no olvidaré,
jamás de los jamases,
momentos vividos,
instantes irrepetibles
de verdadera ternura
y magia en los días,
porque entonces,
la vida reía,
andaban difuntas
las palabras sin dulzura,
y tú, eras la reina.