YO GRITO
Recito voces tuyas, Aitiana,
y recorro lugares bajo el barro
para sentir tus venas limpias,
aunque en la noche continua acabé
por las hoces del imposible
que crepitó como alud ciego.
Si ahora quiero un leve vientecillo,
no es por su ilusión de verde primavera,
es más bien por el cruel terciopelo
de las aisladas latitudes,
y aunque no quiera nada,
sin embargo, me sitúo en la daga
roja, sin corazón ni fuente
en donde asirme en el tiempo.
Brutal como la sinrazón,
destartalado como lo viejo,
voy hacia la noche turbia
por el dolor y la desdicha,
aunque te amaré en las voces,
en las constelaciones,
en todo cuanto muerda
y le quite al olvido.