drago
LA LETRA Y SU EXPRESIÓN
ESLABONES

 

 

ESLABONES

 

 

 

 

 

 

 

 

ERAS TAN DULCE
¡Eras tan difícil y tan dulce!

Tenías la alegría en los ojos
y la pasión en la piel.

Yo era esclavo de tus labios
y un peregrino por tus senos.

Me gustaba escuchar tu silencio
en la caricia de tu deseo.
Me gustaba cuando caminabas
por el borde de mi alegría,
en aquellas noches de agosto,
con ésa tu preciosa estrella.

Eras tan dulce entonces,
que mi recuerdo te guarda
por encima de tu ausencia,
y del tiempo que la vela.

Si la nostalgia tiene morada,
buscadla en el fondo de mi alma,
porque ella se fue una tarde,
y con ella, el cielo de su mirada.

AUSENCIA
Puedo pensar que estás lejos
y que esa distancia me mata.
Dando vueltas en mi ser
me encuentro sin esperanzas.
Vago por derrumbosos monasterios,
sin mi corazón, sin mi yo, sin nada.
Allí me veo entre muertos,
que no tienen carne en la cara.

Quisiera vencer esta cárcel,
pero me pregunto con qué armas.
No quiere dejarme la tristeza,
no quiere salir de donde está anclada,
con mi parto vino a este mundo mundo
y con mi muerte se irá en la caja.

Mas por ti lucharé una y mil veces,
por ti afilaré cada día mis garras
y buscaré salir de este pozo incierto
el más hermoso alba de las mañanas.

 

LA POESÍA
Te amo, pues en la noche donde vago,
te deseo como un loco enamorado.
Ante el imperio adormecido de mi voz,
quiero que te desnudes, y crujas, y crepites;
quiero que encendida, me comas
con frenética pasión y lujuria sin medida.
Quiero que tu imagen se desboque
en el lecho blanco y virginal,
allí donde tus hermosos senos,
con sus plumas turgentes,
con su negra leche,
desvelen los nombres ocultos,
los escondidos nombres,
hijos de tu vientre fecundo.

Sí, que tu pasión se desboque,
y yo, jinete en tu montura.

Quiero que tu infinita noche gimiente,
a cantar tus cuencas
y tus montes de diosa me condene,
que me condene
a vagar por tu bosque de musgo suave,
a quemarme en su volcán. Quiero
que me sentencies para siempre
a vivir en tu cárcel dorada.

 

ARDE TROYA
Quieta la noche,
y en la noche, un beso,
un beso con alas
en las alas del deseo.

De pronto ardió la noche
de aquel día de agosto,
loco entrelazarse sonoro
que echaba chispas por los poros.

Esponja fue la noche,
reina del universo,
paraíso para dos cuerpos
que gozaban en su borde.

El canto del gallo llegó,
reloj del amanecer,
sirena de despedida
de una noche de placer. 

Dos cuerpos desnudos
se visten en la aurora.

En la aurora, un beso,
en el beso, un te quiero.

 
BUSCA
Hay un crepitar lejano
que al hombre llama
desde inmemorial memoria
en el susurro del agua.

Hay un crepitar presente
en el alma del hombre,
que en el hombre vive
oscuro, buscando su nombre.

Hombre, dédalo que existe
en una tela de araña,
que no encuentra salida
y galopa desbocada.

Damocles nos puso su espada
trasformada en esperanza,
que en la muerte termina
y desde la cuna canta.

El poeta resucita al hombre
con su eterna palabra,
escrita para que el Universo
vierta su secreta sustancia.

Si el filósofo busca la entraña
haciendo eses entre la maraña,
el poeta, ataja recto,
saeta hacia la misma diana.

Alfonso Toribio