CUPIDOS DE VENUS Y APOLO
Creo que lejos de mí hay un gran arbusto,
pequeño ser florido que quisiera
cazar
el pleno corazón
de la noche y el día.
Su imagen de oasis en este desierto de la vida
me persigue,
y siento, algunas veces, calmar una hermosa sed
avarienta, en la distancia y en la cercanía
de su espejismo perenne.
Otras veces, persigo la belleza
en un hilo de luna de luz confusa,
como sinuoso cuerpo de mujer real o imaginado,
pues…, ¿acaso existe otra belleza?
Os diré, os contaré a todos y a todas,
lo que ya sabéis o habéis adivinado
en las noches de pensamiento
liviano y azaroso,
os voy a hablar de un fuego íntimo,
de un halo constante de esclavitud
sin cadenas:
Es el sueño quien nos guía
con las armas del deseo,
hacia un mundo mejor
de despertar perfecto.
DIVINO Y HUMANO
No busques en el amanecer al sol, hombre,
búscalo en la fría noche de tu corazón,
en la estela viva de cometa lejano
que dejas escondida cuando sueñas.
¿Eres tú acaso la voz oculta y perfecta?
¿O quizá acaso seas para el hombre
un destello o chispa de dédalo insalvable?
A veces, cual rayo fulminante
que se desvanece al instante,
me pareció vislumbrar el paraíso,
me pareció ser pura alma
en cuerpo alocado metido.
Algunas veces, cual pluma
de vuelo incorpóreo, o como ingrávido tacto dulce
que aletea por la dicha,
besé unos labios de mujer
bajo la cúpula titilante
de las preciosas noches estrelladas de agosto:
¿Eras acaso tú entonces la voz oculta y perfecta
que desde mis callados labios decían te quiero?
¿ O acaso quizá sólo se trataba de una presencia misteriosa
que aflorara desde el deseo eterno
que los humanos llevan en su aliento?
No, hombre, no busques en el amanecer al sol,
búscalo en la estela de cometa lejano
que dejas escondida cuando sueñas.
A LA ATENCIÓN DEL CLÁSICO
El Peque tenía la mirada a "canguingos”,
o, y,
yo sí sé, dónde miraba “el Peque”, pues
es el único
que mira dentro de él quizá en lívido momentánea.
Giraba el mundo en el vaso del Peque
como en el cuadro de Leonardo compuesto,
dando muestras, el mundo, de eternidad efímera,
con otros cálices
y otras últimas cenas aunque de sobremesa, éstas,
y, o,
dando muestras, también, de lo que esculpió “fugit”
el clásico,
y que siempre en el humano no es más, que
“Carpe diem” ido.
Vuelven a resultar, retornan siempre, son
cuna y tumba a la vez,
lo nuevo y lo viejo,
o, y,
sea continuo aquello de cómo a nuestro parecer…
Todo, todo es
el galimatías
de un ser pasante
en la vida.
poema
el hombre que valora el mundo
se hace a sí mismo
en un pedazo de carne triste, indecisa,
y sufre el viento turbio de la existencia,
y no otro viento...
...va por las vigas maestras
que colocaron otros hombres para iluminarlo
en ese edificio nunca terminado,
siempre
sediento, y solo va
por los pasos inexorables hacia muerte,
y se arremolina o se encoge en
un rincón lucido de oscuridad y perpetuo deseo,
a la espera,
agazapado como un depredador
presintiendo una víctima
inexistente,
pues la víctima es el propio hombre
que valora el mundo
y sabe de esos otros hombres que lo iluminaron
para constatar ese edificio nunca terminado.
Y MORIMOS...
Y morimos
cada vez que respiramos
en esta especie de espiral
rítmica
acompasada con el corazón
del viento,
caudal de besos dados sin recibo,
caudal de pasos indecisos,
y de ternura hecha añicos
poco a poco.
Y morimos
cada vez que elevamos la mirada
hacia el cielo precioso de agosto,
embaucados
por un sueño que no podemos tocar
pero que sí podemos acariciar.
¡Y morimos!
cada vez que nos asalta un recuerdo puro,
estáticos
y presos de un sentimiento
que sólo a ráfagas intuimos
eterno y bello.
UNA NOSTALGIA EN LA TARDE
Arden tus senos helados entre inmensas olas
en mi alma. Esta tarde sin tiempo ni lugar
viajo lejos allí, donde siempre apareciste blindada
por un no sé qué con barro acrisolado.
Pero es tan sólo el recuerdo el que aletea aún dulce
en esa distancia tan cercana. Nos puebla a los dos
como a dos árboles alados en aquel paraíso huidizo,
que a duras penas retengo ya primaveral.
También aparecen sensaciones
que relaciono coronadas de estupidez folclórica,
de destierro que vuelve para que yo lo vuelva a desterrar,
aunque yo sólo besé tus labios
para redimirlos de su reino de agua estancada.
El sol se convirtió en un manantial fresco,
pero intocable en su frío estelar,
la luna conjugó su callado deseo de ser ella misma,
y al final estos versos de fino hilo radiante,
poblados de una nostalgia profunda
que me ha traído el viento, enredado
en el infinito de lo que perdimos.