Arden tus senos helados entre inmensas olas
en mi alma. Esta tarde sin tiempo ni lugar
viajo lejos allí, donde siempre apareciste blindada
por un no sé qué con barro acrisolado.
Pero es tan sólo el recuerdo el que aletea aún dulce
en esa distancia tan cercana. Nos puebla a los dos
como a dos árboles alados en aquel paraíso huidizo,
que a duras penas retengo ya primaveral.
También aparecen sensaciones
que relaciono coronadas de estupidez folclórica,
de destierro que vuelve para que yo lo vuelva a desterrar,
aunque yo sólo besé tus labios
para redimirlos de su reino de agua estancada.
El sol se convirtió en un manantial fresco,
pero intocable en su frío estelar,
la luna conjugó su callado deseo de ser ella misma,
y al final estos versos de fino hilo radiante,
poblados de una nostalgia profunda
que me ha traído el viento, enredado
en el infinito de lo que perdimos.