Qué poco me conoces cuando río o lloro,
o cuando, lejos de mi estado adormecido,
nombro aquello para lo cual fui hecho,
y que es el mismo “aquello” que tú lloras o ríes,
o adormeces en tu estado puro,
que es el mío, y es el de todos.
Qué poco nos conocemos cuando reímos o lloramos
y una suave brisa salta del arroyuelo
a nuestros labios, quienes perdiendo el ámbito sellado
nombran el alma común de todos.
Qué poco te conozco cuando ríes o lloras
y por tus venas sientes la plenitud pura de la existencia
que te realza como a mí,
y a la vez, te bifurca en todas las direcciones
menos en la que nos une a todos.